La propuesta no se encasilla en un formato tradicional. Tiene algo de stand-up, algo de unipersonal y una sucesión de proyecciones que combinan ironía, crítica y humor para abordar temas tan diversos como la aviación, la salud, la gastronomía y la política. Una mezcla que encuentra su sentido en la propia trayectoria de Piñeyro, quien es médico, piloto de avión, actor, director y dueño de un restaurante.
A lo largo del espectáculo, el protagonista busca demostrar que el verdadero peligro no está en volar, sino en lo que sucede en la superficie. Para ello, recurre a datos reales, comparaciones y situaciones que, presentadas con humor, generan momentos divertidos y permiten mirar ciertos temas desde otra perspectiva.
Uno de los puntos más destacados es, sin dudas, la puesta en escena. Las proyecciones son impactantes y muy nítidas, hay momentos en 3D y la recreación de la cabina de un avión sobre el escenario es uno de los recursos visuales que más nos gustaron. Como contrapartida, la duración juega en contra de la propuesta. Con algo más de dos horas, el espectáculo se hace extenso y creemos que podría beneficiarse de un ajuste que le dé mayor agilidad al conjunto.
Más allá de esto, vale reconocer la continuidad de un proyecto que lleva trece temporadas y que ha logrado presentarse también fuera del país. Felicitamos a Enrique Piñeyro por sostener esta propuesta a lo largo de los años y por seguir llevando su mirada a distintos escenarios.
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