“La Pescadería” es una obra dinámica en la que se conjugan la música, la danza y la actuación en un estilo grotesco. Trabaja las tensiones estéticas entre un ámbito cotidiano lleno de miserias y un mundo desbordado y desprejuiciado como el del cabaret. La obra se propone exhibir las relaciones complejas de una familia no convencional reunida en un negocio familiar que no genera los recursos suficientes, y que se ve obligada a hacer una propuesta nocturna de show musical divertido, patético y erótico. La historia se cuenta en estos lenguajes, que se superponen con picardía y contradicción. La construcción del universo espectacular utiliza recursos ochentosos y estereotipados, como manifestación de estética degradada.
