Desde el Jardín llegó a Buenos Aires con el peso de un clásico —basado en Being There, popularizado en cine por Peter Sellers— y se convirtió rápidamente en uno de los grandes sucesos de la temporada. No es casualidad: el atractivo principal está en la presencia de Guillermo Francella, quien construye un Chauncey Gardiner tan entrañable como inolvidable.
Fiel a su estilo, Francella logra un equilibrio perfecto entre humor, inocencia y ternura. Desde su primera aparición genera una conexión inmediata con el público, que se sostiene durante toda la obra. Su composición es precisa, sensible y traspasa la cuarta pared sin pedir permiso.
El elenco que lo acompaña está a la altura y es de excelencia: Andrea Frigerio, Martín Seefeld, Horacio Erman, Mayra Homar, Diego Jaraz, Daniel Miglioranza, Edgardo Moreira y Carla Pandolfi conforman un equipo sólido, con interpretaciones cuidadas y muy logradas, que potencian el conjunto.
La dirección de Marcos Carnevale es otro de los grandes aciertos. La obra transita múltiples espacios y situaciones, y lo hace con una fluidez notable: los cambios de escena son ágiles, precisos y sin fisuras, sosteniendo un ritmo que nunca decae.
En lo visual, la propuesta es impactante. La puesta combina proyecciones de gran nitidez, efectos que generan profundidad, paneles móviles e incluso un auto en escena, logrando una experiencia poco habitual en la cartelera local. A esto se suma el trabajo de producción de Suar y Kompel junto a Francella, que eleva el estándar general, incluso con la renovación de la sala del Teatro Metropolitan.
La historia, simple en apariencia, conmueve desde su mirada ingenua y sin maldad sobre el mundo. Con metáforas ligadas a la jardinería, invita a reflexionar y conecta desde un lugar genuino.
Con localidades que se agotan rápidamente, Desde el Jardín se posiciona como una de esas experiencias que vale la pena vivir en primera persona. Ideal para dejarse llevar, emocionarse y salir del teatro con una sonrisa. Imperdible.
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