Misery, la célebre historia creada por Stephen King, regresó a los escenarios argentinos con una versión cargada de intensidad, tensión y dos actuaciones impecables que sostienen el espectáculo de principio a fin.
Protagonizada por Julia Calvo y Juan Gil Navarro, y producida por Alberto Raimundo, esta nueva adaptación cuenta con versión de Daniel Botti y Manuel González Gil, quien además asume la dirección. González Gil vuelve a enfrentarse a uno de los textos más inquietantes del autor conocido como "El Rey del Terror", conformando un equipo artístico de primer nivel.
La historia mantiene intacta la esencia de la novela, pero propone una mirada renovada, sin perder el clima opresivo y la tensión psicológica que convirtieron a Misery en un verdadero clásico.
El gran sostén de la obra está en sus interpretaciones. Julia Calvo construye una Annie Wilkes fascinante. Logra transmitir con enorme precisión ese permanente ida y vuelta entre la admiración desmedida y la locura, alternando momentos de humor con otros de profundo terror de una manera verdaderamente efectiva. Su composición mantiene al espectador en estado de alerta durante toda la función.
Por su parte, Juan Gil Navarro realiza una muy buena interpretación de Paul Sheldon, el reconocido escritor que queda atrapado en una relación tan inesperada como perturbadora. Entre ambos construyen un vínculo cargado de tensión que sostiene el interés de la historia en todo momento.
También queremos destacar el trabajo de dirección de Manuel González Gil, que administra muy bien los tiempos del relato y consigue que la tensión vaya creciendo escena tras escena. A eso se suma un excelente diseño de luces y sonido, dos elementos fundamentales para construir los climas que requiere esta historia y que aquí están resueltos con gran precisión.
La escenografía no busca impactar visualmente, pero cumple muy bien su función y acompaña correctamente cada momento de la obra. Es cierto que, por momentos, parece quedar algo pequeña para la amplitud del escenario del Teatro Metropolitan, aunque esto no impide que el espectador se sumerja por completo en una historia que resulta atrapante.
Misery es una muy buena opción para quienes disfrutan del terror psicológico y de los relatos donde la tensión nace de los personajes más que de los efectos. Recomendamos acercarse al teatro para vivir en primera persona este inquietante vínculo entre la admiración, la obsesión y el poder.
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