El elenco es impecable: Pablo Echarri, Paola Krum, Carlos Portaluppi e Inés Palombo. Sin dudas, uno de los grandes atractivos es volver a ver juntos a Echarri y Krum, pero en registros completamente distintos a los de Montecristo. Ambos construyen personajes intensos, con interpretaciones que acompañan muy bien el tono de la obra. Portaluppi, como suele suceder, se adueña de los momentos más celebrados por el público, con intervenciones que generan las mayores risas de la noche. Y la actuación de Inés Palombo es otro gran acierto: sólida, precisa y siempre efectiva.
El texto pone el foco en los egos y la hipocresía, con situaciones que arrancan desde la comedia pero que, de a poco, van virando hacia un terreno más profundo. Esa evolución es uno de los puntos más interesantes de la obra, porque invita a reflexionar sobre la idea de felicidad sin perder el tono entretenido. El final mantiene coherencia con lo que se viene construyendo, pero suma una nueva mirada que deja al espectador pensando, además de irse con una sonrisa. Es un gran cierre de la historia.
Nos gustó mucho la escenografía: vistosa, funcional y muy bien integrada a la dinámica de la obra. La dirección de Daniel Veronese es impecable, logrando un ritmo ágil y constante en una puesta con mucho texto y escenas intensas.
“Maldita Felicidad” es una comedia distinta, con un buen libro y actuaciones que realmente valen la pena. Se presenta en el Teatro Metropolitan. No se la pierdan.
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