domingo, 16 de agosto de 2026

CRÍTICA: LUCIO Y YO

Lucio y yo, escrita y dirigida por José María Muscari y con producción general de Paola Luttini, es probablemente la obra más sensible y emotiva que vimos de Muscari

Con una fuerte impronta autobiográfica, la obra cuenta la historia real del vínculo entre Muscari y su hijo adolescente Lucio: dos personas que comienzan a encontrarse y a construir una familia. A partir de ese recorrido, la historia atraviesa la adopción, la convivencia, los desafíos de la paternidad y, sobre todo, el proceso de construir un vínculo familiar.

Las actuaciones de Esteban Pérez y Máximo Meyer son muy buenas. Ambos están naturales, creíbles y logran que la historia fluya a la perfección. Hay una química entre ellos que hace que lo que sucede en escena se sienta genuino y cercano. 

Nos encantó encontrar un texto que habla de la adopción desde una mirada que no se queda solamente con el lado más lindo y emotivo del proceso. También aparecen las dificultades, las dudas, los temores y todo aquello que implica construir un vínculo y aprender a ser familia.

Pero, por encima de todo, Lucio y yo es una obra llena de amor. Y ese amor se siente y se transmite desde el escenario. Es una historia sobre sanar, mirar hacia adelante con esperanza, aprender a vincularse y descubrir que la familia también puede construirse desde lugares inesperados.

Muscari pone sobre el escenario una historia profundamente personal y logra convertirla en un relato con el que muchos espectadores seguramente podrán sentirse identificados.

Lucio y yo es una propuesta sensible, emotiva y cercana que recomendamos. Las funciones son en el Centro Cultural de la Cooperación (CABA). Vayan a verla. Hay historias que, cuando terminan, se quedan un rato más con nosotros. 

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