La puesta en escena es básica —una puerta, una mesa y sillas— y se apoya en proyecciones que acompañan el desarrollo de la historia. Sin grandes artificios visuales, el espectáculo descansa principalmente en la fuerza interpretativa de su elenco.
Y allí está, sin dudas, el gran acierto de la obra. Ana Acosta saca su mejor versión, liderando el grupo con un manejo del ritmo y un talento natural para hacer reír impecable. Tiene un caudal y tono de voz ideal para el teatro (nada que no sepamos de esta gran actriz) y resuelve cada escena con oficio y carisma. María Rosa Fugazot es de esas actrices que siempre se disfrutan; verla en escena es una garantía de calidez y experiencia. A Cristina Tejedor fue la primera vez que la vimos en vivo, y resultó gratificante percibir cómo el público la recibe con aplausos y cariño; y qué decir de Cristina Maresca: ella posee un don especial para la comedia. Genera risa con un gesto mínimo o una sola palabra. Es imposible no rendirse ante su talento. La dirección de la obra está a cargo de Lía Jelín y Vero Lorca.
Bravo por este cuarteto de actrices que sostiene la obra con oficio y entrega. Es imposible no amarlas al verlas actuar. Las funciones son de viernes a domingo en el Teatro Picadilly, sobre la Av. Corrientes (CABA).
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